martes, 9 de marzo de 2010

Si no te gusta... ¡ponle flores!


“Y si no te gusta lo que traje… ¡adiós! Que de algún modo, seguiré mi viaje”
Álvaro Carrillo



Tolerar o no tolerar, permitir o no permitir alguna acción o hecho. Dilemas ante los cuáles nos enfrentamos seguido en la vida y los cuáles dependen de una actitud o acción externa que uno decide nos afecte y en qué nivel lo haga.

Mucho se ha escrito sobre la importancia de la tolerancia, como un valor o principio, incluso la famosa frase de Voltaire: “Podré no estar de acuerdo con lo que dices, pero defenderé hasta la muerte, tu derecho a decirlo”, ha servido para promover infinidad de campañas sobre la importancia de la tolerancia, en cuanto a respetar que otros piensen diferente a nosotros.

No obstante ¿cuál sería el límite a ella? ¿En qué momento sentimos que nos afecta la intolerancia? Evidente es, cuando rebasa nuestra esfera de derecho, cuando confrontamos ideas con personas que pretenden hacernos pensar igual, pero combatir la intolerancia con lo mismo, implica un círculo o espiral de intolerancia, ante eso se deberán aplicar los límites, personales o sociales en forma de normas o leyes, fuera de tal restricción o imposición del respeto a tolerar, la libertad debe prevalecer.

La tolerancia es respeto a la libertad ajena, de pensar, actuar, ser, estar, querer algo diferente o con lo que nosotros estamos en contra. Representa el respeto a que otra persona sea como le plazca, aún sea que eso nos “reviente” o quisiéramos cambiarlo a cualquier costo.

La tolerancia no viene en los genes, la única intolerancia que se hereda de esa forma es a la lactosa, para el resto de las cosas, uno debe practicarla, como forma de vida, una persona tolerante difícilmente crecerá un hijo intolerante, aunque haya excepciones que rompen las reglas.

En nuestra vida muchas veces toleramos ciertas situaciones que no debíamos por cariño, evitar una confrontación o porque en realidad no consideramos afecta mayormente, pero lo que uno puede o no tolerar es subjetivo, dependerá de los propios límites y del valor que determinada actitud o situación tenga. Siempre y cuando no sintamos que nos “pasan por encima” no habrá razón para poner un límite, pero lo recomendable sería tener éste bien definido, porque el día que uno define límites cuando los siente rebasados, seguramente los definirá sin pizca de objetividad y razón y mucha víscera.

Yo por eso digo que uno no puede ir por la vida tratando de cambiar al mundo entero y mientras “no le pase por encima a alguien”, si no les gusta mi forma de ser, pensar o actuar, ¡que le pongan flores!. Claro está, yo en la medida que no rebasen ni falten al respeto, igualmente se las pondré con respecto al mundo entero, de ser necesario.

martes, 12 de enero de 2010

Aniversario

"The best birthdays of all are those that haven't arrived yet"

Robert Orben


Efeméride: un día como hoy del año 1974, siglo pasado, nací yo, o fuí adoptada ¿verdad? uno nunca sabe.

Ésta última frase en broma, era recurrente en mi niñez, por parte de mis hermanos, todos mayores, amables vivencias compartidas que ahora resultan anecdóticas pero que entonces cómo provocaban al pleito.

El día del cumpleaños es un día propicio por muchos para reflexionar, ¿por qué? ya lo mencioné cuando el año inició, nos encantan los inicios, por lo mismo el día que cumplimos años pensamos en los pasados, en lo vivido, en lo que significa un año más de vida, siempre el que viene se celebra con más gusto que el anterior, hay quienes no lo celebran con emoción alguna, sus razones respetables tendrán.

Mi madre tiene mucho que ver con la emoción que me da cumplir años, para ella siempre ha sido más importante celebrar su aniversario que el nacimiento de Jesús el 24 de diciembre, por lo que la nochebuena en casa pasaba sin pena ni gloria hace años, no así el 25 que es cuando la celebramos a ella, a la fecha.

Sumamos un año a nuestra vida, restamos un año a nuestro promedio de vida, sumamos emociones y experiencia, restamos dolor y errores, podría escribir muchas hojas relativas a lo que significa el cumplir años para mí, pero cada año ha sido diferente.

Cumplir años implica la conciencia de lo que soy, lo afortunada o desafortunada que he sido, es aprender, comprender, crecer, madurar, recomenzar.

Con los años aprendemos, a amar, a amarnos, en la justa medida, a perdonar, pero sobretodo, aprendemos a perdonarnos. Con los años dejamos los juegos y una vida más relajada y asumimos obligaciones y responsabilidades, aprendemos a vivir en un mundo en el que debemos ocultar y dejar atrás el niño que fuimos.

Cumplir años nos implica, soñar, pero realizar y concretar planes. Con los años sabemos lo que es la justicia, pero para ello muy seguramente tendremos que conocer la injusticia, la tolerancia e intolerancia, las diferencias y coincidencias con nuestros semejantes.

Los años nos dan sentido de la realidad, nos hace buscar una verdad, la nuestra, para vivirla y así darnos cuenta que somos un poco consecuencia del pasado, un poco aprendizaje, un poco sensatez (y hasta insensatez) de las vivencias.

Cumplir años nos implica incluso darnos cuenta el espacio que dejan los que ya no están en nuestra vida, pero también nos hace valorar a aquellos que ocupan un espacio en ella.

Nos implica vida, salir a vivir con todo lo que ello traiga.

Por todo lo anterior, ésta fecha es especial, como no han sido las 35 pasadas, no cambiaría ninguno de los años de mi vida, lo que sí puedo afirmar es que los últimos 5 han sido los más bonitos de toda ella, el acompañar al Ratón en su formación, me hace sentir la más afortunada del mundo, compañía que durará hasta que él decida volar solito, mientras tanto, contribuyo a fortalecer sus alas. El último año ha sido de los más importantes en mi vida por todo lo que he aplicado, aprendido y valorado... seguramente el que mañana comenzará para mí será el más importante en mi próximo aniversario, mientras tanto viviendo vivimos.

viernes, 1 de enero de 2010

Vamos a comenzar...

"...esta vez lo intentare otra vez, esta vez y más yo tratare de hacerlo bien, si la vida me regala... otra oportunidad" - Café Tacuba


¿Por qué nos gustan los inicios? porque representan la expectativa de algo nuevo, que por desconocido nos orilla a pensar que algo bueno está por venir, nos encanta estrenar ya sean zapatos, ropa, auto, casa... vida, sí, vida o una nueva manera de vivirla. Nos gusta festejar los inicios de la vida, de romances, de trabajo, de viajes, desde que los planeamos hasta que nos subimos al medio que nos llevará a nuestro destino, la emoción radica en ese comienzo.
 
A mí me encanta iniciar algo y claro que me gusta concretarlo, sino como pa´qué lo empiezo verdad? incluso siento, independientemente de la expectativa que ya mencioné, esa incertidumbre que me genera adrenalina, me mueve ver "mi mundo recién pintado" (gracias por la frase Sabina)  me encanta, por eso trato de seguido pintarla, redecorarla, reacomodarla, sanearla y ¿por qué no? recomenzarla.
 
De ahí que los inicios de año los celebremos tanto, así como las oportunidades que lo nuevo nos trae, con año nuevo, la vida nos abre un mundo de oportunidades, mismas que veremos presentadas cada minuto, hora, mes... constantemente, con la posibilidad de tomarlas todas o elegir entre ellas. Dejamos atrás un año, que termina con el aprendizaje que nos trajo,  los errores los dejamos atrás, trataremos de no repetirlos y crecer. Porque, de sobra sabemos que si hacemos algo de una misma manera y siempre obtenemos un mismo resultado, obvio es porque seguimos haciendo lo mismo, eso dicta la lógica, entonces estamos siendo persistentes... pero en el error. Por eso, se trata de no repetirlos, de aprender de ellos, que de lo perdido, lo aprendido. Benditas sean las vivencias que nos dan las experiencias. Bienvenido el sentimiento de que lo mejor está por venir, esa cosquilla de pensar en que lo peor que puede pasar es lo mejor que se puede poner.
 
Sirva el presente para iniciar el año, porque el veinte diez traiga lo que promete la hermosa luna azul, que la noche en que el año cambió nos regaló. Porque algo, que hace ya tiempo inició siga creciendo, no por arte de magia sino con la convicción, pasión, confianza, lealtad, querer, cariño y adrenalina que merece. Bienvenido 2010, tal vez no sea el año de cosechar lo que hayamos sembrado... pero sí lo veremos crecer y fortalecer. ¡Va por tí vida!. A mirar adelante, hasta que el corazón aguante.

miércoles, 30 de diciembre de 2009

Déjenme si estoy soñando!

The best way to make your dreams come true is to wake up. Paul Valery

Sueño se le llama tanto al acto de dormir como al deseo de hacerlo. El acto de soñar es en sí ensueño aunque preferimos decirle “tener un sueño”.

Soñar es un proceso mental involuntario en el que se produce una recreación de nuestras vivencias y recuerdos guardados en la memoria, que son parte de sucesos del que sueña de días anteriores o su pasado reciente. Cuando soñamos formamos parte de una realidad virtual, cuyo escenario se construye con imágenes, pensamientos, sonidos, emociones. Cuando despertamos, recordamos parte de ello, alguna imagen, algún sonido o una simple idea de lo que soñamos. Los sueños más elaborados contienen escenas y personajes cercanos a nosotros, pero ocurren en diferente fase, porque el sueño, se divide en etapas, que hablar de ellas ahora sería dar una explicación de hojas y hojas, cosa que no busco y en el intento podría caer en alguna información mal dada.

¿Se sueña a colores o en blanco y negro?, ¿hay sueños rosa? ¡sabrá Dios!, tiempo, intelecto y dinero se ha invertido en estudiar todo eso, pero ya dije que no es mi intención la parte científica del asunto. Yo ¿cómo sueño? He tenido un sueño que dicen los especialistas pertenece al que se le conoce como lúcido, e incluso he podido llegar a controlar mis sueños, dirigirlos a voluntad, aunque hace mucho no lo hago.

En mi época universitaria, en sueños podía resolver ciertas cuestiones relacionadas con alguna tarea, le encontraba solución a la misma y me despertaba a darle forma. Aún hoy en día, en sueños se me presentan situaciones que ayudan a resolver lo que estoy viviendo, no son las llamadas señales no, simplemente traslado la situación al sueño y encuentro una solución en él.

Sueño personas que ese mismo día o en un corto plazo se comunicarán conmigo y me harán saber que me tienen presente, ¿así funciona la metafísica del sueño? O es mera casualidad tal vez.

Años antes de ser madre, soñé que lo era y fue realidad mucho tiempo después, la más enriquecedora que como persona he tenido.

A veces la vida nos regala episodios maravillosos que nos parecen sueños hechos realidad, o verdaderos sueños, ante los cuales decimos que mejor sería no despertar de ellos, de menos la que esto escribe seguido piensa eso, sino es que casi a diario, no es que sea demasiado soñadora, pero sí creo que uno va materializando pequeños sueños y eso es en parte lo que le pone sabor a la vida, la posibilidad de realizar lo que soñamos. Reconozco así, que por esa razón siempre trato de ver las señales o el camino, que me llevan a realizar lo que soñé.

Si lo anterior obedeciera a que “estamos hechos del mismo tejido que nuestros sueños” como dijo Shakespeare, pasa entonces que siempre estoy soñando lo que después haré? que yo hago planes en mis sueños y despierto para realizarlos? La respuesta para mí sería que en efecto, así es.

Esta entrada fue motivada y por tal se la dedico, a una persona que a lo largo de los últimos meses me ha enseñado y compartido varias cosas, que si bien las sabía o tenía vaga idea de ellas, ahora las tengo en orden y me invitan a seguir soñando lo que después seguramente me encargaré que venga. Vaya un abrazo y mi agradecimiento en cada línea para tí.

viernes, 27 de noviembre de 2009

Eso de ser madre...(Parte II)


Por fin nace el que será llamado el "Ratón", para efectos prácticos, ya dije que me pareció el recién nacido más bonito que había visto en mi vida, sí sé que no lo fue. Por razones que no corresponden a su historia, ni del todo es mía, yo no quise ser programada el 14 de diciembre de 2004 para una operación de cesárea, pero fui convencida que así fuera, finalmente un par de horas antes de que fuera 14 se rompió la fuente y nació en los primeros minutos de esa fecha, de tal suerte que se le ocurrió nacer, el día que le dio la gana, comenzaba a tomar decisiones.

Cuando lo vi, le dije ¡hola bebé, qué gusto conocerte!, la verdad no se me ocurrió algo más, obvio no hubo gesto de expresión de su parte, pero escuché su llanto, tal como me dijeron que ocurriría. Al otro día, al amanecer, apenas lo volví a ver, lo revisé de pies a cabeza, era tan pequeño, le faltaban semanas, le faltaban gramos, le faltaba color, le sobraba pelo, le sobraba hambre, le faltaba aprender a comer, así que no hubo más tiempo para seguirlo enamorando y contemplarlo, había que enseñarle…

Salimos del hospital un par de días después que nació, un día antes bajé a los cuneros del hospital para observar a las enfermeras bañar recién nacidos, ¡qué rapidez!, ¡qué experiencia!, ¡qué manera de hacerlo!, ¡qué pinche miedo! (pensé). Esa primera noche en casa, hacía demasiado frío, pensé que sería mejor que durmiera conmigo, pero no lo logré, estaba incómodo, así que mejor se durmió en su moisés y esa noche dormimos bien, seguía tomando decisiones. ¿Sería verdad que nunca más volvería a dormir igual?, era la duda que me asaltaba, no ha sido así a la fecha, pero era demasiado pronto para saberlo.

Al otro día lo bañamos, entre su papá y yo, no fue difícil, en parte porque lo hicimos con el mayor cuidado posible, adaptarse a sus horarios (sin hora) fue otro boleto, le faltaban gramos y había que dejarlo comer todo lo que quisiera y yo, como su proveedora debía comer igual, ¿cómo carajo compaginar el yo tener que comer tanta proteína con tan poca actividad física?, pues así de natural fue, se hizo, pasaron 50 días antes de separarnos porque yo tenía que volver a trabajar. Así comenzó algo más, que esa persona tan pequeña, a partir de ese momento ocupaba gran espacio en mi mente, el tiempo debía pasar volando para que yo apenas pudiera, hiciera lo propio y llegara con él, así funcionaba esa relación, él parecía no echar de menos mi ausencia, señal que estaba a buen recaudo, según consideraba yo.

Pasaron los días, al mes pesaba lo que un niño de ese tiempo debía pesar, ganó gramos suficiente; corrieron los meses, comenzaron los dientes a los 4, a los 6 no quiso más seguirse alimentando de mí, seguía tomando decisiones, a los 8 meses tenía 8 dientes, gateaba perfecto, a los 10 se incorporaba, a los 11 caminaba sosteniéndose de lo que encontrara a su paso, y unos días, antes de cumplir su primer año me hizo bajarlo de los brazos y comenzó a caminar sin ayuda alguna y sin tambalear, y nadie lo ha parado, hasta ahora.

Posiblemente como dice una gran amiga, madre de dos, estoy fuera de contexto, no se trata de decir que esto sea fácil o difícil, o como diga otra amiga, depende de qué tan complicado te lo quieras hacer, lo que sí, creo, acorde a mi forma de ser, no ha habido sacrificio dado o hecho en eso de ser madre.

Sí ha sido una emoción, la más fuerte de mi vida, a mis amigos sin hijos siempre les digo: ¿quieres emociones fuertes? ten un hijo, ¿es la experiencia más enriquecedora que existe? tampoco lo sé, pero sí siento que es la que más me complementó como persona, porque el hecho en sí, de acompañar a una persona que de ti nació, tener claro que un día hará su propia historia, basado en lo que en gran medida le transmitas, me hace reflexionar muy seguido en lo que significa... eso de ser madre.

miércoles, 18 de noviembre de 2009

Eso de ser madre...(Parte I)

Hoy comienzo a hablar de lo que para mí ha significado ser madre, todo esto viene a cuento porque en pocos días cumpliré 5 años de serlo, con todas las cosas que ese papel en mi vida ha conllevado.


Mi maternidad no sé cuando comencé a vivirla, si cuando supe el embarazo o cuando nació mi hijo, lo que sí es que desde entonces empecé a escuchar una serie de voces y consejos que iban desde que: “deja que empiecen los ascos y náuseas”, “ay no, lo peor empieza al quinto mes con tanto calambre”, “no, no, deja que no puedas cargar tantos kilos, querrás que ya nazca”. De más está decir que durante el embarazo me la pasé esperando las náuseas, es más yo sabía todos los remedios que me podían permitir salir airosa de esa etapa, los calambres no hicieron su aparición, tampoco mi hartazgo por cargar tantos kilos, que ni fueron tantos.

Llegó el tan inesperado día en que nació… digo inesperado porque dada mi manera de ser, tan aprehensiva no quería pensar en el día en que se separara de mí, de verdad me había creído esas historias de que era imposible separarse del “fruto de tu vientre”, por tal, yo quería que mi embarazo durara el mayor tiempo posible, casi me podría quedar de muestra eterna, pero eso sí, bien tranquila.

Nació un niño, como nos habían dicho sería, gracias a un ultrasonido realizado en la semana 25, lo escucho llorar y pensé en lo increíble que podía ser la creación de un individuo, diferente a los que lo engendraron, el Ratón era horrible y yo reconozco que se me hizo el recién nacido más bonito que mis ojos hayan visto, ¡pobre ilusa! las fotos posteriores de una semana, un mes, un año y a la fecha me han demostrado lo contrario.

Un elemento adicional, se suponía que de ese día en adelante mi vida no sería la misma nunca más, que seguramente no volvería a pegar el ojo con la misma tranquilidad de hasta esa fecha o una semana antes o 9 meses antes; es cierto que han habido noches que no he dormido suficiente, pero a la fecha ninguna ha sido provocada por el hecho o a consecuencia de ser madre.

De hecho hasta ahora de lo que llevo escrito, empiezo a caer en una especie de duda existencial, ¿algo estoy haciendo mal? De lo que he sabido, por escucharlo en charlas, leído en libros y otras publicaciones, ser madre es una tarea no difícil, sino la más en la vida, por qué? Ah pues porque en tus manos tienes la formación de un individuo, ajá, hasta ahí suena a “rompe madres”, incluso he escuchado decir que ser madre es difícil pero una bendición para toda mujer, sí puede ser vista como tal, pero difícil? Sigo sin entender y por eso y dado que me da la gana, lo continuaré en próximos días… mientras platico y espero poderles explicar lo que hasta ahora para mí ha sido eso de ser madre.

lunes, 9 de noviembre de 2009

Hubieras empezado por ahí…


Yo tengo la vida que siempre hubiera querido tener, sino hubiera conocido otra manera de vivir.
(Dicho mío, acerca del tema)


Nos han dicho tantas veces que el “hubiera” no existe, que a fuerza de repetirlo, a mí casi me convencen de ello, es de esas frases que nos lo dicen en tono filosófico-regañón (con un aire mamila de refilón); lo que es peor, lo he dicho yo, a veces, para consolar a alguien o porque creo que ese alguien no quiere escuchar otra cosa o que nada más lo consolaría en ese momento.

Es un hecho innegable, que tratándose de una expresión hipotética, no se tienen bases reales para evaluar si alguna opción no tomada o la consecuencia de la misma habrían sido mejor; no obstante explico mi punto de vista, así que con su permiso.

Gramaticalmente, pues obvio, sí existe, eso dice la RAE y por tanto es ley, los que han leído éste espacio, saben bien que suelo criticar a los integrantes de la Academia, pero son nuestro punto de referencia obligada; pero nomás es la forma pretérita imperfecta del verbo hacer, en sus conjugaciones para la primera y tercera persona.

Acorde a como uno se sienta ante el pensamiento del “hubiera” creo que puede ser cualquiera de los siguientes:

Es el arrepentimiento en su máxima expresión, la experiencia que decidimos despreciar, el camino incorrecto elegido, autoconvicción de la necedad, las malditas ganas de atormentarnos pensando que el camino elegido fue el peor, es el edén del fracasado; la conjugación perfecta de la ideología de la equivocación.

Es conformismo a todo lo que da, cuando triunfa lo menos peor, sirve para comenzar de nuevo a equivocarse con lo mismo o a tropezar con la misma piedra y lo que nos lleva “otra vez a brindar con extraños y a llorar por los mismos dolores” (frase cortesía del filósofo José Alfredo Jiménez)

Es pasado y futuros enfrentados, el surrealismo aplicado a nuestra vida, como nuestros “recuerdos del porvenir” que idiotamente imaginamos tendremos; la conciencia de nuestra impotencia, de no poder cambiar tal o cual cosa, porque de poder, no hubiéramos tomado el camino equivocado.

Ahora voy yo, para mí el “hubiera” significa la posibilidad de reconciliarme conmigo misma, con las decisiones que tomé en determinado momento, porque por todas ellas uno paga la consecuencia y las asume con el estilo que prefiera, y hasta sin estilo. Cualquier “hubiera” para mí no vale tanto como lo que “hubiera” elegido entonces. Por eso creo que el “hubiera” sí existe.