sábado, 20 de marzo de 2010

Terapia desesperada



Soy @Amaranta, llegué a twitter por recomendación de mi psiquiatra, no es broma, él dijo clarito: “usted no está ya para fármacos, mejore sus relaciones sociales y trate de probar las nuevas tecnologías y use las redes sociales”, al principio no le entendí gran cosa, pero como lo que no entiendo lo investigo, primero probé facebook, pero todos mis “amigos” se la pasaban etiquetando fotos, abriendo galletitas de la suerte, jugando “mafia wars” o a la “granja”, un día como seguro les pasó a muchos, vi el iconito de twitter y hasta ahí llegué, ahí encontré a @Lola mi mejor amiga, si ella se encontraba ahí por algo era, ella tenía años de estar en foros, redes, le encantaba la polémica, conocer gente, y vaya que lograba conocerlas, de hecho sabe mi historia de vida mejor que nadie, mi lucha desesperada contra mi pasado y mi recuperación ahora, así que ella se volvió mi guía en esta aventura, me recomendó a quien seguir y en poco tiempo me seguían y hasta me pedían consejos, a mi, que ni sigo, ni doy ni pido uno sólo, me enseñó a usar los hashtag y #yoconfieso que me enganché, en poco tiempo logré el control de mi timeline como busco lograr el control de mi vida. No me da la gana contar mi historia, pues creo que alguien más lo hará mejor que yo.

Soy @Lola, @Amaranta y yo nos conocimos hace muchos años, pero conocer la historia de su nombre me resultó sorprendente, me confió que lo odiaba por ser producto de una venganza de su madre, la cual estando embarazada descubrió una infidelidad del padre y al conocer a la tercera en discordia, quien sin saber que el médico de la colonia que la pretendía era casado, con hijos y una niña por nacer, inocente felicitó a quien creía era hermana del famoso médico; grande fue la sorpresa al descubrir que era la esposa… ambas se impresionaron, engañadas como estaban siendo, la embarazada le dijo que no se preocupara, no obstante, le preguntó su nombre, la joven engañada se lo dijo con la petición que si era niña le pusiera su nombre. Así ocurrió, la niña se llamó @Amaranta, la única explicación que la señora dijo al sorprendido médico, que por supuesto se hizo pendejo, fue: “lo tomé del libro de García Márquez, sabes de mi fascinación por sus novelas”.

Mi amiga, creció sin privaciones, pero con un marcado rechazo de su madre, la cual nunca superó el rencor que la infidelidad descubierta provocó, sólo trasladó ese sentir hacia su hija; la historia oficial de su nombre la hizo acercarse a la novela de García Márquez, tanto llegó a sentir lástima de @Amaranta que juró nunca se convertiría en alguien así, terminó una carrera, más por presión familiar que por gusto, se desarrolló profesionalmente y se casó con un hombre maravilloso, que la amaba, un pintor, de buena familia que pretendía envejecer a su lado… sin hijos, no sentía que hicieran falta, eran algo prescindible totalmente y era preferible que ella no mencionara nunca la idea de los mismos. No obstante, @Amaranta pensaba que lo convencería con el paso del tiempo, que eso era algo más que él haría para tenerla contenta, no fue así y pasó el tiempo. @Amaranta comenzó a perder la paciencia, sentía que el tiempo volaba y que el amor que Alberto sentía por ella no era tanto, es más comenzó a cuestionarse si en verdad lo amaba, ¿cómo podía amar a alguien que no quisiera trascender el amor a través de los hijos? se alejaron hasta ser un par de desconocidos, dormían en habitaciones separadas y ella con la honestidad que la caracterizaba le dijo que lo mejor era no dañarse más, y propuso el divorcio. Así conoció a David, quien sería su segundo esposo, la atracción fue inmediata, antes de seis meses estaban viviendo juntos y ella en trámites de divorcio, mismos que no inició antes para no herir a Alberto, David hizo lo propio, aquello era amor, no cualquiera hace tal locura a los 32 años. De nada valieron las súplicas de Alberto, además David era perfecto, quería tener hijos, todos los que ella quisiera, @Amaranta nunca negó ser una “Susanita en potencia” como solía describirse entonces y ahora estaba a punto de lograrlo.

David y @Amaranta se casaron una semana antes de nacer el primero de los 3 hijos que tendrían, un año después llegaría el segundo, el cual murió a los 7 meses de edad por broncoaspiración, eso sumió a @Amaranta en una profunda depresión de la cual no podía recuperarse, su tercer embarazo no fue suficiente para que las ganas de vivir volvieran, ni el hecho que nacería una niña, la cual educaría y crecería como “su madre no supo hacer con ella” decía.

Esa depresión, aunada a una mala racha en los negocios de David, y su creciente alcoholismo, hizo que se alejaran. Él, trataba de acercarse de alguna manera a ella, nunca tuvo éxito. El día que cumplían 6 años de casados, buscando salvar lo poco que quedaba de pareja, ella trata de sorprenderlo e intenta dejarle una nota en la cartera, diciéndole lo mucho que lo amaba y lo invita a cenar para celebrar, al hacerlo ve que saliendo de la cartera se encontraba la nota de unos zapatos y una bolsa GUCCI… ella sin más le reclama y se da cuenta de la realidad, él duda, titubea y le dice que son para ella, que era una sorpresa, misma que acababa de arruinar. Ella no le creyó, lo demás fue comprobar que él tenía una relación con su secretaria, que sí, en efecto le regaló unos zapatos y una bolsa GUCCI esa noche al volver a casa, pero también el estado de cuenta de la tarjeta de David, mismo que nunca antes había sentido necesidad de revisar, reflejaba un doble cargo, con sólo un día de diferencia.

Cuando @Amaranta supo el verdadero origen de su nombre, “para recordarle al padre la infidelidad que tanta infelicidad había traído al hogar”, según su madre, juró que ella no perdonaría una infidelidad, por lo que la separación y el consecuente divorcio era lo que seguía en su vida, otra vez. Sintió que aquello cada vez la acercaba más a la @Amaranta de la novela, trató de recuperarse, buscó ayuda y al borde de la desesperación, llegó al Instituto Nacional de Psiquiatría, el diagnóstico fue demoledor: “usted está deprimida desde que se encontraba en el vientre de su madre, pero se puede vivir con ello, la medicaré por un corto tiempo y después recibirá terapia, es mi deber explicarle los posibles episodios de angustia y desesperación que vivirá en éste tiempo.”

Si ella estaba deprimida desde el vientre de su madre, su final era inminente, le esperaba lo mismo que a la protagonista de la novela que fue pretexto para su nombre, en sus episodios de angustia pensó en el suicidio, pero decidió nunca más volver a abrir ni mencionar la novela… de lo que había sido su vida, decidió reinventarse y hoy, en lo que cree es la etapa final de la terapia, @Amaranta está en twitter y cada día vive menos desesperada.

Delfina Corsi participó con éste relato en el concurso #twitterasdesesperadas y escribe con cierta regularidad en un blog personal http://viendovemos.blogspot.com

lunes, 15 de marzo de 2010

Y qué con los consejos?

“Siempre es bueno dar consejos, pero darlos buenos es fatal.”
Óscar Wilde


Darlos, pedirlos, escucharlos, rechazarlos o seguirlos… hablando de consejos, es en sí un brete, porque para que alguien se atreva a pedirlo trae implícito un juicio respecto a la persona a la que se acude, es hallar empatía y darle reconocimiento a su capacidad de análisis, su bondad (e incluso maldad) y sensatez.

Para pedir consejos en éstos tiempos modernos, incluso se recurre al internet, cientos de sitios hay especializados en ellos, gratuitos y de paga, seguramente el hecho del anonimato desinhibe tanto al que pide como al que otorga consejo.

Algunos prefieren acudir con el sacerdote o autoridad de la religión que profese, incluso creo que una manera con que se cuenta es acudir al llamado sacramento de la confesión, así tendremos a una persona preparada, que seguramente habrá escuchado lo inimaginable en secretos de confesión y sabrá guardar el secreto por lo menos 2,000 años a partir del día que se los confiemos, además nos ilustrarán o darán alguna luz sobre el camino a seguir, porque para eso están ¿o no? eso, en el supuesto caso que se tuviera la confianza en la autoridad eclesiástica, cosa que cada vez se pierde más.

Otra forma de buscar consejo es acudir con un profesional, de los cuales seremos sus pacientes, o para otros con menos ética, simples clientes, con ellos se tendrá la garantía que nomás nos acercarán a la lógica de tomar la mejor decisión con los elementos que queramos darles. Otros acuden con adivinos, tarotistas e incluso hoy en día se han desarrollado negocios llamados “Coaching de vida” que entiendo busca obtener el máximo potencial de una persona y su plenitud y equilibrio en su diario vivir, ah pero ¡qué a rompe madres se lee!

De menos, tengo la fortuna de conocer personas que seguramente no me dan los consejos más agradables, lo que implica en la mayoría de los casos, que sean los mejores. Si un día alguien pide un consejo y hace exactamente lo contrario a lo sugerido lo mejor es no frustrarse, normalmente uno puede dar consejos, pero no dar conductas, además que quien más necesita un consejo, rara vez lo desea.

Yo pienso, con la corta experiencia que tengo, por culpa del teflón del que estoy recubierta, el mejor consejo es el que uno mismo puede darse sin evadir ni mentirse, la respuesta siempre estará en uno mismo, y en la medida que escuchemos esa voz interior, conciencia le dicen algunos, estaremos ante el mejor paso dado, o el más adecuado, porque finalmente lo que se haga o no en determinado momento sólo quien tome la decisión deberá enfrentar el peso de la misma. Eso quiere decir, que a la hora de los madrazos nadie más que uno estará ahí para enfrentar al monstruoso Jabberwocky como la Alicia de Tim Burton; o bien su propio infierno o paraíso.

martes, 9 de marzo de 2010

Si no te gusta... ¡ponle flores!


“Y si no te gusta lo que traje… ¡adiós! Que de algún modo, seguiré mi viaje”
Álvaro Carrillo



Tolerar o no tolerar, permitir o no permitir alguna acción o hecho. Dilemas ante los cuáles nos enfrentamos seguido en la vida y los cuáles dependen de una actitud o acción externa que uno decide nos afecte y en qué nivel lo haga.

Mucho se ha escrito sobre la importancia de la tolerancia, como un valor o principio, incluso la famosa frase de Voltaire: “Podré no estar de acuerdo con lo que dices, pero defenderé hasta la muerte, tu derecho a decirlo”, ha servido para promover infinidad de campañas sobre la importancia de la tolerancia, en cuanto a respetar que otros piensen diferente a nosotros.

No obstante ¿cuál sería el límite a ella? ¿En qué momento sentimos que nos afecta la intolerancia? Evidente es, cuando rebasa nuestra esfera de derecho, cuando confrontamos ideas con personas que pretenden hacernos pensar igual, pero combatir la intolerancia con lo mismo, implica un círculo o espiral de intolerancia, ante eso se deberán aplicar los límites, personales o sociales en forma de normas o leyes, fuera de tal restricción o imposición del respeto a tolerar, la libertad debe prevalecer.

La tolerancia es respeto a la libertad ajena, de pensar, actuar, ser, estar, querer algo diferente o con lo que nosotros estamos en contra. Representa el respeto a que otra persona sea como le plazca, aún sea que eso nos “reviente” o quisiéramos cambiarlo a cualquier costo.

La tolerancia no viene en los genes, la única intolerancia que se hereda de esa forma es a la lactosa, para el resto de las cosas, uno debe practicarla, como forma de vida, una persona tolerante difícilmente crecerá un hijo intolerante, aunque haya excepciones que rompen las reglas.

En nuestra vida muchas veces toleramos ciertas situaciones que no debíamos por cariño, evitar una confrontación o porque en realidad no consideramos afecta mayormente, pero lo que uno puede o no tolerar es subjetivo, dependerá de los propios límites y del valor que determinada actitud o situación tenga. Siempre y cuando no sintamos que nos “pasan por encima” no habrá razón para poner un límite, pero lo recomendable sería tener éste bien definido, porque el día que uno define límites cuando los siente rebasados, seguramente los definirá sin pizca de objetividad y razón y mucha víscera.

Yo por eso digo que uno no puede ir por la vida tratando de cambiar al mundo entero y mientras “no le pase por encima a alguien”, si no les gusta mi forma de ser, pensar o actuar, ¡que le pongan flores!. Claro está, yo en la medida que no rebasen ni falten al respeto, igualmente se las pondré con respecto al mundo entero, de ser necesario.